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Descubre tu tipo de piel

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Ximena Sánchez

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La importancia de reconocer nuestro tipo de piel se debe al cuidado adecuado que deberíamos tener en cuenta para mantenerla sana, de acuerdo a la clasificación usaremos los productos correspondientes.

Lo define nuestra emulsión cutánea, que es el cosmético natural de nuestro organismo, producido por la glándula sebácea, la sudorípara y las células muertas de la epidermis.
Pieles Grasas:
Piel engrosada, oleosa, comedones o puntos negros, poros dilatados, de aspecto brillante miliums (son pequeñas bolitas de sebo, grasa).
En este caso lo que sucede es que la glándula sebácea produce mayor cantidad de sebo que sudor, dándonos la característica de una piel grasa, el último grado de este tipo de piel produce el acné. En este caso es recomendable usar productos en gel, hacer una limpieza diaria, para retirar impurezas y controlar la grasitud.
Pieles Secas:
Piel reseca, áspera, escamada, opaca. Es una piel que no puede retener la humedad y la secreción de la glándula sebácea está disminuida, por lo que podemos observar menor elasticidad. Es una piel sensible y propensa a alergias. Debemos hidratar muchísimo esta piel, su cuidado a diferencia de el de la piel grasa es importante, pero no es tan minucioso. Tenemos que evitar las temperaturas muy altas al momento de bañarnos y usar jabones cremosos.
Podemos usar productos en crema, pero nos conviene usar aquellos que son neutros, que no contienen ningún tipo de fragancia y lociones humectantes.
Pieles Mixtas:
Acá podemos observar la combinación entre la piel grasa y normal. La piel normal es por ejemplo la piel de los bebés, es una piel sensible, humectada y lubricada. Podemos encontrar las secreciones equilibradas, es muy difícil encontrar piel normal en su totalidad.
Tenemos que prestar mucha atención a la zona T, donde probablemente encontremos mayor cantidad de poros dilatados, oleosidad y brillo, mientras que en la zona de las mejillas, suele encontrarse la piel normal. La limpieza para este tipo de piel es muy importante ya que es un piel que puede convertirse en piel grasa, tenemos que usar distintos tipos de productos, donde encontramos la piel grasa, productos en gel y donde está la piel normal nos conviene usar productos hidratantes y humectantes.
Pieles deshidratadas:
Es una piel seca, con finas descamaciones. En el caso de pieles grasas deshidratadas podemos encontrar las mismas características de una piel grasa, con impurezas, pero en este caso es opaca, sin ser untuosa, esto se debe a que las secreciones de la glándula sudorípara están disminuidas y esto nos da menor flexibilidad. En una piel seca o mixta encontraremos las mismas características, una piel opaca y reseca, para comparar una piel seca con una deshidratada lo que tenemos que hacer es tomar una porción de piel con nuestros dedos y ejercer una leve presión, como si fuéramos a pellizcar, si observamos que la piel que estamos agarrando tiene líneas hundidas y es rugosa tenemos una piel seca deshidratada.


La alimentación:
Es muy importante, debemos tener una alimentación rica en vitaminas, proteínas y minerales, Tomar mucho líquido, comer vegetales.
Debemos eliminar el mito de que las comidas grasosas, como por ejemplo el chocolate, son perjudiciales para nuestra piel. Siempre debemos tener una alimentación equilibrada, mientras esto suceda no hay problema, de vez en cuando se pueden comer chocolates o hamburguesas pero recordando siempre que cualquier exceso es malo.
Las vitaminas importantes son a, b, c y e.
Betacaroteno: se transforma en vitamina a en nuestro organismo, está presente en la zanahoria, la calabaza, el melón y las cerezas.
Vitamina A: la encontramos en la manteca, la crema, los huevos y lácteos. Papel esencial en la renovación de la piel y las mucosas.
Vitamina C: que tiene acción antioxidante y está relacionada con la producción de colágeno.
La podemos encontrar en pimientos, kiwi, cítricos, melón, fresas, moras, frutas tropicales, col, tomate.
Vitaminas del grupo B
Intervienen en el buen estado de la piel y en los procesos de renovación celular. Aparecen en la mayoría de alimentos de origen vegetal: verduras, fruta fresca, frutos secos, cereales, legumbres, levadura de cerveza, y en los de origen animal: carne y vísceras, pescado y marisco, huevos y lácteos.
Vitamina E
Otorga luminosidad a la piel. En vegetales de hoja verde, frambuesas y frutos secos. Una pequeña porción es suficiente ya que aportan muchas calorías.

Ahora ya sabes todo lo necesario para reconocer tu tipo de piel y así brindarle el cuidado necesario para que se mantenga joven por mucho tiempo.


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